(6 de abril de 2006)
Si observamos en la distancia la imagen
del Parque García Sanabria, probablemente el mayor lujo con el
que cuentan los vecinos de Santa Cruz, pareciera que una terrible plaga
afecta a este pulmón verde de la capital tinerfeña. Es
posible que, puesto que el deterioro ha sido progresivo desde que se
iniciaron las obras en octubre del 2004, no nos demos cuenta de este
hecho. Pero si comparamos las imágenes, más o menos aéreas,
de ese parque del mes de abril del 2004 con las imágenes de este
mismo miércoles, de abril del 2006, es posible que a más
de uno le ocurra como a nosotros, que no es otra cosa sino que el alma
se le pone a uno a la altura de la suela de los zapatos
Qué le pasa a estos políticos
nuestros con nuestros árboles -no
se cortan un pelo ni a la hora de cargarse un drago centenario catalogado
como árbol monumental- es algo que no alcanza uno a comprender.
Y es que con los arbolitos siempre se ha tenido un respetito en esta
tierra que se ha perdido completamente por parte de nuestros "responsables"
políticos, acaso al mismo tiempo que nos han perdido el respeto
a todos nosotros. Se meten motosierras a cualquier árbol en nuestras
ciudades sin el más mínimo de los reparos. Si molesta
un poco o se le parte una rama porque no estaba bien podado y sopló
un poco el viento, pues se manda pal suelo y ya está.
Y si está enfermo no digamos, si se enferma porque los suelos
están totalmente contaminados por el abuso de las aguas residuales
para riego -o por el uso indiscriminado de fertilizantes químicos
que les queman literamente el suelo y las raíces-, entonces no
dura un asalto porque ya los árboles no se tratan sino que se
les corta por el tronco, a mayor gloria de los viveros que los reponen.
En el caso de que los repongan.
¿Qué está pasando
en el García Sanabria? Denuncias han habido de los vecinos de
la zona de que están cortando árboles a diestro y siniestro,
por estar enfermos, según el Ayuntamiento. Que a todos nosotros
nos cojan confesados como a uno de estos tipos los pongan a cargo de
un hospital, porque para éstos los enfermos hay que exterminarlos,
al parecer, como hicieron impunemente
unos chiflados en La Laguna. Otros dicen que mientras se han desarrollado
las obras los servicios de parques y jardines no han pisado el parque
y que han sido los operaros de la obra los que han estado al "cuidado"
de las plantas. No tenemos ni idea, pero tampoco nos extrañaría
nada.
Pero hay una cosa que no hemos entendido
nunca: ¿Por qué la obsesión del Ayuntamiento porque
los vecinos no puedan ver, de ninguna de las maneras, lo que está
pasando allí dentro? Incomprensible. Una valla de unos cuatro
metros rodea el recinto -una cosa que no se había visto nunca
por aquí en obra alguna, con lo que eso significa para el microclima
del parque que cambia radicalmente, haciendo aumentar la temperatura
al limitar la circulación del aire y esto, para las planta adaptadas
a ese espacio, es sencillamente un disparate. Una obra como esa, de
vallarla, lo razonable hubiese sido que se hiciese con una verja que
no impidiese la circulación del aire, con el único inconveniente
de que los vecinos podrían ver cómo iban evolucionando
las obras. Algo terrible, al parecer.
La isla de Tenerife, gracias a un invierno
lluvioso como ya casi no recordábamos, es estos días de
primavera un auténtico jardín, hasta ese Sureste -casi
siempre árido- está lleno de una riquísima gama
de tonalidades gracias al verdor y a la floración de multitud
de especies. Toda la isla se ha llenado de color menos el pulmón
verde de Santa Cruz, que presenta un aspecto que no recordaban los más
viejos del lugar, como si una terrible plaga lo estuviese matando. ¿Tendrá
esa plaga algo que ver con unos señores encorbatados que viajan
por ahí en unos carísimos coches con conductor que pagamos
de nuestros impuestos?

García Sanabria, abril
del 2004

García Sanabria, abril
del 2006

García Sanabria, abril
del 2004

García Sanabria, abril
del 2006

Fuente: La Gaceta de Canarias, 12-04-1998
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Cuando se publicó este artículo, hace 8 años,
el que escribe este artículo tuvo la paciencia,
trabajaba cerca, de no ir a desayunar un día y acercarme al parque
para ver -preguntar-
qué coño se pasaba al parque y porqué le iban a pagar
diez millones de pesetas a unos tipos
para hacer un estudio que básicamente consistía, como es
lógico, en y a preguntar a los
trabajadores y técnicos municipales que conocían el parque
como la palma de su mano.
Un jardinero nos dijo que eso era una chorrada para darle perras a algún
amigacho. Esencialmente,
según este señor, los problemas del parque y de los árboles
consistían en que los suelos
estaban enfermos por el abuso de aguas residuales para el riego y por
los fertilizantes.
Además decía que la solución que ellos habían
propuesto es que se utilizase más agua
de calidad para el riego, diciendo que para esto lo único que había
que hacer era un depósito
para que el agua de las fuentes, agua de calidad sin depurar, se fuera
al depósito y no a la
alcantarilla cuando se reponía. ¡Qué cosa más
complicada!
¿Qué habrá sido de ese estudio y de esos diez millones
de pesetas? Los habrán utilizado
para jartarse a base de carne de cochino y grabanzas,
porque lo que es en mejorar
las condiciones de los árboles del parque, lo que es en eso -a
la vista de la
situación ocho años después-, más bien poco.
¡Qué país!

Parque urbano en Barcelona donde
se ha entendido la importancia de la
materia orgánica como enmienda para los suelos. Aquí todos
podemos
ver diariamente cómo los empleados de parques y jardines tiran
restos de
poda y demás a los contenedores de residuos urbanos en masa. Y
es que
esto es lo más parecido a un país de locos. Propiamente
dicho.
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