Hace unos días, dos días
concretamente, les advertíamos que los xenófobos y racistas
que editorializan en el periódico El Día no
se iban a disculpar ante nadie una vez que se ha demostrado que las
torres de Unelco-Endesa en el Sureste de Tenerife estaban total y absolutamente
podridas, después de haber insultado a los que mostramos
las fotos que ellos se han negado a publicar y que han dado la vuelta
al mundo, por otra parte. Hombre, la verdad es que no hacía falta
demostrar nada porque en un Decreto
de 1996 esto quedaba meridianamente claro, basándose en informes
de la propia multinacional indecente, ni hace falta ser un genio para
saber que la característica común a todo prepotente es
su incapacidad para reconocer error alguno.
Pues dos días, o menos, han tardado
estos sinvergüenzas de la comunicación en arremeter contra
las 120.000 personas que se lanzaron a la calle en noviembre del 2002
pidiendo un tendido alternativo al trazado de la nueva línea
de alta tensión, que pretendía atravesar seis espacios
naturales protegidos del Sur de Tenerife. A esa manifestación,
a la que se sumaron personajes como Ricardo Melchior, Wladimiro Rodríguez
Brito, Miguel Zerolo o Ana Oramas -cuando vieron la que se les venía
encima-, respondió unos meses antes la compañía
Unelco-Endesa realizando cortes indiscriminados de luz en varios municipios
del Sur, comenzando por Vilaflor, en una actitud de chantaje que en
ningún país democrático hubiese pasado desapercibida
a una Fiscalía medianamente eficiente y ocupada en su trabajo.
En Canarias les hemos pasado que nos
corten la luz sin justificación alguna -después de la
manifestación nunca volvió a haber cortes de ese cariz
indecente-, les hemos permitido que nos engañen, alegando que
cualquier otro trazado era imposible, les hemos permitido, a una multinacional
inmoral de esta naturaleza, que nos traten como auténtica súbditos
cuando somos los que hacemos posible, con las facturas que pagamos religiosamente,
el milagro de que obtengan 1050 millones de euros de beneficios en un
solo trimestre, el primero de este
año.
La gente no se lanzó a la calle
masivamente aquella mañana de sábado de noviembre del
2002 por si una licencia municipal estaba en vigor o no, ni por nada
relacionado con una posible interpretación jurídica de
nada, la gente salió a la calle para decir que no quería
un tendido de alta tensión por los montes de Vilaflor, de lo
poquito realmente valioso que nos queda, y exigiendo a los responsables
técnicos y políticos que hicieran lo que efectivamente
se han visto obligados a hacer después, que no es otra cosa que
buscar una alternativa. Si se hubiesen puesto sobre la mesa todas las
posibilidades desde un principio, sin negar las evidencias, otra historia
bien distinta hubiésemos tenido la oportunidad de vivir y, con
toda seguridad, ese asunto estaría ya resulto desde hace años.
A nadie puede extrañar ya, a
estas alturas, que El Día le ponga el culo a Unelco-Endesa de
la manera que lo ha vuelto a hacer este viernes. Las promociones, las
campañas publicitarias inmorales en medio del apagón eléctrico
más largo que se ha sufrido en Europa desde que la memoria alcanza,
los favores y 'aportaciones' de la multinacional a la Editorial de don
Leoncio -por cierto, si el pobre levantara la cabeza- parece que justifican
esta actitud realmente mezquina y de 'babosería' periodística
de estos editorialistas.
Si uno se va al Instituto Nacional de
Meteorología, se gasta la perras -como hemos hecho nosotros-
y le pide una certificación de las rachas máximas de viento
que registraron en su estación de Güímar, que se
encuentra en una de las zonas más afectadas por la tormenta Delta
-muy cerca de la única nave industrial del Polígono que
reventó literalmente-, te dan un papelito con un sello oficial
que dice que la racha máxima fue de 144 km/h, lo que representa
vientos medios que, en ningún caso, superaron los 120 km/h. Sin
embargo El Día dice este viernes que las rachas máximas
fueron de 200 km/h en esa zona y que los vientos medios estuvieron por
encima de los 140 km/h. Y aseguran que el hecho de que la podredumbre
de las torres le hubiese disminuido su resistencia a un 48%, no tiene
nada que ver con que éstas hayan caído como palillos junto
a invernaderos, en algunos casos, intactos. Lo dicen así, con
tanta naturalidad, que la gente de bien no tiene porqué interpretar
la única realidad, que simplemente se trata de una información
manipulada en favor de los intereses de una empresa privada y contra
el interés general de todos los ciudadanos, que no han visto
-ni verán- un duro de indemnización por los miles de electrodomésticos
estropeados. Por poner sólo un ejemplo de las decenas de millones
de euros que nos costó a todos los ciudadanos de Tenerife el
lamentable estado de la red de transporte eléctrico, que mantuvo
a muchas zonas de la isla cerca de una semana sin luz. En algunos casos
más de una semana.
Lo que mantenía Unelco-Endesa
con respecto al tendido de Vilaflor era una falsedad, era posible otro
trazado y, de hecho, está ya aprobado. Un trazado que, con todos
los inconvenientes que se le quieran poner, pasa por una zona con importantes
impactos, paralela a una autopista. El pueblo, en contra de El Día
y de los intereses de media docena de piratas, ha conseguido un gran
éxito para Tenerife, dentro del total disparate en que se ha
convertido la planificación energética en esta isla. Por
mucho que se encochinen los editorialistas de El Día, esta batalla,
en beneficio de todos, la hemos ganado. Y aunque hay algún loco
por ahí -que le hace millonarios proyectos a Unelco- de despacho
en despacho, con unos planos debajo del brazo, intentando reabrir una
polémica que afortunadamente está cerrada, no hay ni multinacional,
ni político, ni periódico en Tenerife que tenga la suficiente
falta de vergüenza como para plantearse hoy en día plantar
una sola torre de 220 Kv en los montes de Vilaflor. Mucho bla, bla,
bla..., mucho insulto y descalificación gratuita, pero no tienen
lo que habría que tener para lanzarle nuevamente ese órdago
al pueblo de Tenerife. Eso por descontado.
Para El Día, Unelco-Endesa pareciera
que tendría que perdonarle la vida al pueblo de Tenerife. No
hace mucho, veíamos en la prensa las fotos de don José
Rodríguez de visita en Tokio de la mano del dueño de Toyota
en Canarias, que no es otro que el director de Unelco. 'Todo-gasto-pago'
se ha ido don José nada menos que al Japón, él
y unos cuantos más. ¿Pero vale un viajito a Japón,
unas páginas de publicidad a todo color, unas
cuantas promociones que nadie completa nunca y alguna que otra cosita
más que pueda haber por ahí tanta bajeza moral y falta
de vergüenza? Pues, desde el punto de vista de algunos -minoría
seguramente, va a ser que no.
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Comentario de EL DÍA
Las razones de Unelco
UNELCO TENÍA RAZÓN. El Tribunal Supremo lo acaba de
decir en una sentencia, atendiendo a un recurso de casación puesto
por la compañía, y que viene a decir que cuando el Pleno
del Ayuntamiento de Vilaflor anuló, el 2 de mayo de 2002, la
licencia que le había otorgado diez años antes para tender
una línea eléctrica de alta tensión a través
de su término municipal, la corporación actuó de
forma arbitraria, ya que no se daba ninguna de las condiciones para
que esa revocación fuera legal. Y el varapalo judicial va también
para el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, que dio la razón
a la corporación municipal cuando ésta recurrió
la concesión de la licencia.
Y ahora no hay más remedio que hacerse varias preguntas: ¿qué
tienen que decir los ecologistas?, ¿y los que no son ecologistas,
pero salieron con ellos a la calle, aunque alguno huyera con el rabo
entre las patas? ¿Qué pasa con el Gobierno de Canarias
de entonces, que jugó a la ambigüedad, y con cierto medio
de comunicación de Tenerife que se desgañitó contra
el tendido de la línea por motivos que preferimos no desvelar?
¿Tiene alguna explicación a esta vulneración de
la ley el alcalde de Vilaflor de entonces, el socialista José
Luis Fumero? ¿Qué hay de la trama que actúa continuamente
contra los intereses de Tenerife desde la isla redonda y que envió
a cientos de personas a manifestarse por las calles de Santa Cruz? ¿Quién
resarce ahora a Unelco del deterioro de imagen sufrido a lo largo de
este proceso, de los gastos ocasionados y las pérdidas económicas
sufridas? Antes al contrario, ahora el Gobierno autónomo pretende
multar a la compañía con medio millón de euros
porque sus torretas no pudieron resistir vientos mantenidos de 140 km/hora,
con rachas que superaron los 200, que azotaron el Valle de Güímar
durante la tormenta tropical "Delta".
Fuente: El Día, 26 mayo 2006