Francisco Pomares
Hace algunos años leí en un sesudo ensayo sobre el mito
del Diluvio Universal que se trata de una leyenda extendida por todo
el mundo y a la que escapan pocas civilizaciones. La mayoría
de las historias son diferentes entre sí y tienen las características
de cada cultura, pero todas narran el mismo acontecimiento: una gran
tromba de agua que inunda las tierras y cubre las más altas montañas
y acaba con toda la vida animal y humana, de tal forma que sólo
sobreviven algunos elegidos por los dioses. Para hacerse una idea de
la extensión del mito sobre el Diluvio, baste decir que los indios
americanos ofrecen hasta cinco docenas de versiones diferentes. Pero
hay muchas más: entre los aztecas se creía que toda la
humanidad desciende de un hombre y una mujer que lograron salvarse del
gran diluvio metiéndose en una cesta. La tradición rusa
asegura que la tierra entera descansaba sobre el lomo de cuatro ballenas,
hasta que una murió y con su muerte provocó la inundación
de la tierra y la fatalidad de sus pobladores. Los celtas describen
el Llyn-llyn (mar de mares), que inundó el mundo y ahogó
a las gentes. En la mitología hindú, fue la diosa Visnú
quien salvo por tres veces al mundo, tres veces inundado. La tradición
china relata la vida de Fushi y Nukua, dos supervivientes del diluvio,
cuyos cuerpos en forma de pez les permitieron escapar nadando del desastre.
La mitología griega hace que Zeus castigue con el diluvio a los
hombres pero se apiade del rey de Tesalia, Decaulión, y de su
esposa Pirra, de quienes desciende la humanidad toda. Y la mitología
mesopotámica, antecedente de las narraciones hebraicas del Viejo
Testamento, nos cuenta la epopeya de Gilgamesh, en la que un tal Utunapistim
logra sobrevivir a una lluvia "cuyas gotas eran del tamaño
de platos", encerrado durante siete días con su mujer y
su familia en un arca...
También en los mitos y leyendas de los antiguos pobladores de
Canarias existen referencias al Diluvio, con características
propias de cada isla. El mito más extendido entre los aborígenes
grancanarios sostiene que el diluvio fue una maldición de los
brujos tinerfeños, para ahogar Gran Canaria en las profundidades
del Atlántico mientras ellos se refugiaban en lo alto del Teide.
Los guanches tinerfeños tenían su propia historia: al
parecer, los grancanarios pidieron a sus dioses que lloviera sobre Nivaria
durante cien años, y cuando se gastó toda la lluvia, ofrecieron
entonces su propia agua, hasta quedarse definitivamente secos. Parece
que la cosa no tuvo el éxito esperado desde la óptica
grancanaria: a pesar de todo el agua que cayó sobre la isla picuda,
se salvó -aunque de milagro- un arcano antepasado de José
Rodríguez Ramírez. Dicen que estaba durmiendo la siesta
en su cueva, tan tranquilo, y no se enteró siquiera de la que
estaba cayendo... al salir comprendió que los gcanarios tenían
la culpa de todo. De todo, del diluvio para acá.
Fuente: La Opinión de Tenerife, 10-06-06
