Tócate las narices. Si resulta que, aunque ya no llego a fin de mes ni a bien ni a mal, según la 'golbal rich list' me encuentro allá por el puesto 230.260.870 de los ciudadanos más ricos del planeta. Un privilegiado, vamos.
Pero es que si ponemos el salario reconocido de un, qué les digo yo, Javier Abreu (al que no se le conoce que en su vida haya dado un palo al agua para nada) o lo que cobra Antonio Machado por dirigir el Observatorio Ambiental para el Crimen de Granadilla (sin contar con sus otras compatibles ocupaciones), éstos se situarían entre el 0,75% de los más privilegiados colocándose por debajo de los 50 millones de individuos más ricos.
En fin, que las conclusiones rapiditas que uno saca de todo esto son no sólo que la cosa está más mal repartida que el carajo, que eso lo sabía hace tiempo, sino que el cambio de vida que nos queda por acometer a casi todos los privilegiados -entre los que sin duda me encuentro pese a todo- para que la cosa medianamente funcione es ciertamente descomunal. Eso pensando en los trabajadores, como yo, que lo de esos que se asignan salarios del erario público con la alegría que lo hacen nuestros parlamentarios y demás, con esos no podemos contar para nada porque a ellos los ha enfermado definitivamente el símbolo del dólar (en este caso del euro) que se les ve impreso en las pupilas a poco que uno observe.