Va a hacer año y medio que nos preguntábamos que cómo coño había hecho Ricardo Melchior para gastarse nada menos que 100 millones de pesetas en el Charco de Jóver, paraje de la costa de Tejina en el municipio de La Laguna. Una actuación que nadie entiende y que la debió diseñar alguien que habitualmente no baja de la cota de los 500 metros y que desde luego nunca ha visitado la costa norte de la Isla de Tenerife.
Porque entre las muchas barbaridades que se han llevado a cabo en este bonito enclave hasta ahora casi natural, el Cabildo se ha dedicado a poner pisos flotantes de madera noble que apenas han durado unos meses, como es lógico por el efecto del mar en esta zona, empedrados que se han levantado o desaparecido, barandillas niqueladas igualmente dañadas o rotas, luminarias en el suelo o en las paredes que no han aguantado un asalto y, lo más sorprendente, una cosa que ellos dan en llamar 'rampa varada' que todavía hoy en día nadie se explica con qué motivo se hizo pero que, este jueves, comenzaba a ser demolida por una pala mecánica por el peligro que entraña y que ha dado lugar a varios accidentes de gravedad que los pescadores o usuarios del antiguo varadero relatan con indignación.
La cosa es muy sencilla, hasta tal punto que a mí me la han explicado los pescadores y sin ser hombre de mar ni ingeniero la entiendo perfectamente. Resulta que junto al charco ha existido de toda la vida un pequeño espacio o playita, de unos 15 metros de ancho, por la que se echaban los barcos sin demasiadas dificultades. Pero como quiera que el Cabildo, dentro de eso que ellos llaman 'Tenerife y el mar', ha decidido echar piedras y cemento para formar una especie de muellito -o no sé qué- a base de piedras y hormigón, esa playita se ha reducido a menos de la mitad con lo que no sólo la maniobra se hace mucho más peligrosa, en medio de los bañistas que también utilizan ese espacio (lo que es completamente ilegal aunque los responsables prefieren hacerse los locos y no regular nada), sino que al haberse diseñado ese dique no verticalmente a la costa sino abierto hacia la derecha, se crea lo que ellos llaman 'efecto fonil' que consiste en que al venir la ola encuentra un amplio espacio por el que introducirse en la playa que, progresivamente, se va reduciendo, lo que da lugar a que la altura de la ola y su peligrosidad aumente considerablemente al llegar a la playa.
Y ha habido heridos, de gravedad, con este asunto. Fracturas de miembros, brechas en la cabeza y el peligro constante -sobre todo en verano- de matar a un bañista con la hélice o aplastado contra esos muros. Y en épocas de crisis francamente, y creo que en ninguna época, creo que se puede o se debe soportar ni tanta ineficacia, ni tanta irresponsabilidad, ni tanta alegría a la hora de manejar las perritas públicas que tanto trabajito nos cuesta a los contribuyentes. Porque si Melchior dice, o dice el cartel que eso nunca se sabe porque todos los presupuestos públicos se disparan, que la coña ésta nos costó nada menos que 100 kilitos (que eso se lo dan a los pescadores y vecinos de la zona para arreglar aquello y seguro que se montan un Martiánez como el del Puerto de la Cruz) pues a ver cuánto nos va a costar ahora deshacer este entuerto. Que tampoco será para echarse las manos a la cabeza si tenemos en cuenta que estos días el Cabildo, con una naturalidad pasmosa, nos ha dicho que el presupuestito de la reforma de la Plaza de España (para que Melchior se haga unos aparcamientos subterráneos) nos va a costar otros cuatro millones de euros más de nada. Que así de fantásticos somos por aquí.









Fotos de los trabajos de demolición de este jueves (A.G)
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Así era la cosa esa que ahora han tenido que quitar




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